lunes, 14 de mayo de 2012

EL LEÓN Y LAS OVEJAS






El tema del que hablo es realmente sencillo porque se trata de la vida. Para mucha gente, la vida se ha vuelto increíblemente complicada. Todos nos estamos ahogando en el mar de las definiciones. Si haces esta pregunta tan sencilla: ¿quiénes somos?, la cantidad de respuestas que recibes es inimaginable.


Hace poco estuve hablando en un lugar en el que tenían este lema: “El servir está por encima del ser”. Yo dije: “Pero si no hay un ser, ¿quién va a servir? Tiene que haber un ser”. Eso es lo que dijo Sócrates: “Conócete a ti mismo”. ¿Qué significa conocer el ser que realmente eres?

Hay un cuento que solía contar mi padre. Un día, un granjero que paseaba por la selva se encontró con un cachorrito de león que se había perdido. Lo recogió, se lo llevó a casa y lo puso en el establo con sus ovejas. Fue pasando el tiempo y el cachorro crecía y crecía, jugando y pastando con las ovejas. No conocía otra cosa.

Un día, mientras las ovejas pastaban, un león enorme surgió de la selva. Todas las ovejas se asustaron y empezaron a correr por todos lados, y el joven león hizo lo mismo. El león grande se acercó al pequeño, que ya no era tan pequeño, y le dijo: “¿Por qué te asustas de mí?”. El otro contestó: “¡Soy una pobre ovejita, y me vas a comer!”. El león le dijo: “Tú no eres una oveja. Ven conmigo”. Le llevó al borde de un estanque y le dijo: “Mira”. Y cuando lo hizo se quedó impresionado: “¡No soy una oveja, soy como tú!”. El león dijo: “Así es. Eres como yo. Ahora deja de imitar a las ovejas y ruge como debe hacer un gran león”. Así que el león grande rugió y el pequeño también lo hizo. Entonces el joven león se puso a darle las gracias al grande. Y éste dijo: “Lo único que he hecho ha sido mostrarte quién eres realmente. Incluso antes de que yo saliera de la selva ya eras eso, porque es lo que de verdad eres”.

También nosotros olvidamos quienes somos sobre la faz de la Tierra. Tu capacidad de sentir alegría es única. Ésa es tu naturaleza, una parte de ti. Sientes aversión por el sufrimiento y atracción hacia la alegría. Así que encuentra en tu vida la alegría que no acaba nunca, una alegría que no puedes dejar atrás, que llevas contigo dondequiera que vayas.

Si tienes un barco y quieres amarrarlo en el puerto, necesitas atarlo a algo que no vaya a la deriva. Por eso la gente lleva un ancla. ¿Qué es lo que no va a la deriva? Para encontrar la respuesta, tienes que poder conocer tu verdadero ser, porque el verdadero ser no va a la deriva. El león pensaba que era una oveja, pero cuando pudo ver la realidad comprendió que no lo era.

Tu realidad es sencilla. El deseo de sentirte satisfecho siempre ha estado presente. Ese anhelo de plenitud siempre ha estado ahí. No es algo nuevo. Y ese deseo seguirá en ti hasta el mismísimo final. Estuvo ahí desde el principio y estará ahí hasta el final. Ese deseo de sentir paz no cambia. Esa sed de satisfacción no cambia. Así que ánclate a esa realidad y no irás a la deriva. Ánclate a esa belleza que está dentro de ti y no navegarás sin rumbo. Todo lo demás cambiará, como siempre ha hecho y seguirá haciendo.

Todo cambia constantemente, excepto tú. Hay algo en ti que no cambia. Encuéntralo y amarra bien este barco de la vida a eso que es inmutable. Después relájate

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