jueves, 23 de enero de 2014

NADA QUE SEA BUENO ES GRATIS




Y de aquí se derivan, para mí, por lo menos dos ideas.
La primera: si deseo algo bueno para mí, debería saber que voy a pagar un precio por ello. Por supuesto, ese pago no siempre es en dinero (si fuera solo dinero, ¡sería tan fácil !). Este precio es a veces alto y otras muy pequeño, pero siempre existe. Porque nada que sea bueno es gratis.
La segunda: darme cuenta de que si algo recibo de fuera, si algo bueno me está pasando, si vivo situaciones de placer y de goce es porque me las he ganado. He pagado por ellas me la merezco. (Sólo para alertar a los pesimistas y desalentar a los aprovechados, quiero aclarar que los pagos son siempre por anticipado: lo bueno que vivo ya lo he pagado.¿no hay cuotas a plazos!).
Algunos de lo que me escuchan decir esto preguntan:
¿Y lo malo?
¿No es cierto que lo malo tampoco es gratis?
Si me pasa algo malo, ¿es también por algo que hice?
¿Porque de alguna forma me lo merezco?

Quizá sea cierto. Sin embargo, estoy hablando de verdades para mí incuestionables, sin excepciones, universales.
Y para mí la aseveración de que " me merezco todo lo que me pasa incluido lo malo" no es necesariamente cierta.
Puedo asegurar que conozco algunas personas a las que les han acontecido hechos desgraciados y dolorosos que. sin duda alguna, ¡ no merecían!
Incorporar esta verdad (nada que sea bueno es gratis) es abandonar para siempre la idea infantil de que alguien debe darme algo porque sí, porque yo lo quiero. Que la vida tiene que procurarme lo que deseo " sólo porque lo deseo", de pura suerte, mágicamente.

Jorge Bucay

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