sábado, 4 de enero de 2014

LA PACIENCIA






"La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte"

La paciencia es la virtud por la que soportamos con ánimo sereno los males y los avatares de la vida, no sea que por perder la serenidad del alma abandonemos bienes que nos han de llevar a conseguir otros mayores.

Es un rasgo de personalidad madura, esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las cosas sucedan ya que piensan que a las cosas que no dependen estrictamente de uno hay que darles tiempo.

La persona paciente tiende a desarrollar una sensibilidad que le va a permitir identificar los problemas, contrariedades, alegrías, triunfos y fracasos del día a día y, por medio de ella, afrontar la vida de una manera optimista, tranquila y siempre en busca de armonía.

Es necesario tener paciencia con todo el mundo, pero, en primer lugar, con uno mismo.

Paciencia con aquellos acontecimientos que llegan y que nos son contrarios: la enfermedad, la pobreza, el excesivo calor o frío… los diversos infortunios que se presentan en un día corriente: el teléfono que no funciona o no deja de comunicar, el excesivo trafico que nos hace llegar tarde a una cita importante, el olvido del material del trabajo, una visita que se presenta en el momento más inoportuno.

Son las adversidades, quizá no muy trascendentales, que nos llevarían a reaccionar quizá con falta de paz.

En esos pequeños sucesos se ha de poner la paciencia.

Es importante que seamos pacientes también con quienes nos relacionamos más a menudo, sobre todo si, por cualquier motivo, hemos de ayudarles en su formación, en su enfermedad.

Hay que contar con los defectos de las personas que tratamos muchas veces están luchando con empeño por superarlos, quizá con su mal genio, con faltas de educación, suspicacias… que, sobre todo cuando se repiten con frecuencia, podrían hacernos faltar a la caridad, romper la convivencia o hacer ineficaz nuestro interés en ayudarlos.

El discernimiento y la reflexión nos ayudarán a ser pacientes, sin dejar de corregir cuando sea el momento más indicado y oportuno.

Esperar un tiempo, sonreír, dar una buena respuesta ante una impertinencia puede hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas.

(por Salmon Corp)

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