martes, 5 de noviembre de 2013

LOS AVISADORES



Si las personas nos pesan porque las cargamos a las espaldas, llevémoslas en el corazón.

Madre teresa de Calcuta

Una metáfora puede servir como ejemplo del peligro de ignorar determinadas señales que nos avisan de la urgencia de efectuar cambios en el enfoque de la educación de nuestros hijos. Si tenemos un automóvil, es probable que en el tablero de instrumentos tengamos una luz roja que nos avisa cuando el motor se calienta demasiado. Ahora bien, cuando esta luz se enciende podemos actuar de diferentes maneras desadaptativas: podemos no hacer caso, ingnorando esta luz y continuar conduciendo como si nada o podemos golpearla con un martillo afín de que deje de molestarnos y proseguir el camino. Ambos procedimientos darán resultado algún tiempo, pero tarde o temprano nuestro automóvil se detendrá. Entonteces deberemos apearnos y examinar el motor, o pedir ayuda de carretera a un especialista para que nos ayude a resolver el problema. Solo así nuestro automóvil podrá continuar el camino.

Lo cierto es que muchas personas pasan la vida golpeando el avisador con un martillo o mirando hacia otro lado. Es su forma de reaccionar agresivamente o de rehuir el problema. Malgastan su energía emocional y aplazan la solución de los conflictos, en una actitud infantil  similar a la del niño que se tapa con una manta y se cree que, como él no nos ve, nosotros no le vemos a el. Pero al final ocurre que los problemas nos acaban "estallando en las narices".

Un avisador no obliga, solo informa. Nosotros decidimos obrar en consecuencia o no hacer nada, y somos responsables de las consecuencias.

Hay dos luces del "avisador" que nos informan de peligro en nuestra conducta hacia los hijos. Nos indican que hemos caído en una de estas dos trampas: la sobreprotección o la desidia.

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