martes, 27 de marzo de 2012

LA VIDA Y SUS CONSECUENCIAS






Nacer para Morir...
Vivir por vivir...¿Qué más da?

A fin de cuentas,
cada individuo se forja su propio destino.

Día tras día,
es una toma constante de decisiones.
Algunas con más prioridad;
otras con mayor velocidad,
pero de cada una de ellas
depende lo que sucederá luego.

La vida nos maneja como marionetas.
Somos los títeres de un gran teatro. 

Está de nuestra parte
ser grandes actores, o ser mediocres
sin hacer bien nuestro papel en la obra;
equivocándonos en el libreto.

Es de nuestra actuación
que depende el aplauso final. 

Es nuestro empeño en alcanzar nuestras metas,
el que decidirá nuestras vidas en el futuro.

Esas cosas que dejamos de hacer,
porque queremos cruzar el río
sin haber llegado a la orilla.

Ese saltar de un lado a otro
sin saber qué rumbo tomar.

Esos detalles que omitimos
por restarle la importancia
que realmente tienen y merecen.

Esas son las cosas
que nos conducen al arrepentimiento final.

Todo tiene su razón de ser. 

Diariamente,
tenemos que pasar por duras pruebas
que se van acrecentando con el pasar del tiempo.

Está en nuestra voluntad
el mantener nuestro pecho erguido,
nuestros hombros fortalecidos,
para que éstas
no nos hagan desfallecer,
sino que por medio de ellas,
ampliemos nuestras experiencias
y tomemos mejores decisiones
desde ese momento en adelante.

Tropezamos con muchas piedras en el camino,
está en nosotros el levantarnos
o quedarnos en el piso para que nos pisoteen. 

Nuestra libertad está en nuestro interior.
Son, nuestra mente, nuestra fuerza de voluntad,
las que controlan nuestras acciones;
las que deciden cuán atados nos encontramos
y hasta cuándo queremos seguir encadenados. 

La esencia de cada ser humano se demuestra,
no en los errores que cometemos,
sino en saber corregirlos;
no en las veces que caemos,
sino en el orgullo con el que nos levantamos;
no en lo que hacemos de nuestros sueños,
sino en los que hacemos realidad;
no en quejarnos por lo que no tenemos,
sino en cuánto sacrificio
nos ha costado lo que poseemos.

Vivimos fácilmente, pero... 
¡cuán difícil se nos hace comprender la vida!
Perdonamos con nuestras mentes,
pero no con el corazón.

Siempre queda una espinita de desconfianza
hacia aquél que nos falló;
oímos sin escuchar;
miramos sin ver
y nos juzgamos a nosotros mismos
cuando lo hacemos con los demás.

¡Cuán difícil es perdonar con el corazón...!
La plenitud nunca llega a alcanzarse. 
Mientras haya un motivo,
existirá fuerza para luchar. 

Piensa que aquéllos
que crees que lo tienen todo.
Son de carne y hueso también. 

Sufren, Padecen
y aman igual que todos nosotros...
Lo material no es lo importante;
el dolor del corazón es el más intenso. 

Debemos aprender a mirar
sin ver el carapacho de las personas;
sólo fijarnos en su interior.

Así, nos daremos cuenta
de que todos nacimos desnudos
y que todos nos convertiremos en polvo;
sin importar lo que tengamos materialmente,
pues las posesiones se quedan aquí.

Somos nosotros quienes decidiremos,
si déjamos buena siembra
o si simplemente,
la semilla cae en el lugar equivocado
y no llega a brotar.


Intentemos,
dentro de nuestra imperfección,
poner de nuestra parte en hacer de este mundo
lleno de tanto dolor, de tanta angustia,
de tanta incertidumbre,
un lugar más placentero para todos...

¡Si no estamos dispuestos,
tendremos que atenernos a las consecuencias...!

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