sábado, 25 de enero de 2014

NUNCA HACER LO QUE NO QUIERO



Incorpora este concepto como una referencia real, es decir, vivir coherentemente con esta idea, no es fácil. Y sobre todo no es gratis. (Nada que sea bueno lo es, y esto es bueno).
Estoy diciendo que si soy adulto, nadie puede obligarme a hacer lo que no quiero hacer. Lo máximo que puede pasarme, en todo caso, es que el precio sea mi vida. (no es que yo minimice  ese coste, pero sigo pensando que es diferente creer que no puedo hacerlo, a saber que hacerlo me costaría la vida).
Sin embargo, en lo cotidiano, en el pasar de todos los días, los precios son muchos más bajos. En general, lo único que es necesario es incorporar la capacidad de renunciar a que algunos de los demás me aprueben, me aplaudan, me quieran. (El coste, como a mí me gusta llamarlo, es que cuando uno se atreve a decir NO empieza a descubrir algunos aspectos desconocidos de sus amigos: la nuca, la espalda y todas esas otras partes que se ven sólo cuando el otro se va).

viernes, 24 de enero de 2014

EL SABIO




Un sabio, cierta tarde, llegó a la ciudad de Akbar. La gente no dio mucha importancia a su presencia, y sus enseñanzas no consiguieron interesar a la población. Incluso después de algún tiempo llegó a ser motivo de risas y burlas de los habitantes de la ciudad.

Un día, mientras paseaba por la calle principal de Akbar, un grupo de hombres y mujeres empezó a insultarlo. En vez de fingir que los ignoraba, el sabio se acercó a ellos y los bendijo.

Uno de los hombres comentó:

- "¿Es posible que, además, sea usted sordo? ¡Gritamos cosas horribles y usted nos responde con bellas palabras!".

"Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene" -fue la respuesta del sabio-.

¿QUIERES ESCUCHARME?



Cuando te pido que me escuches y empiezas a darme consejos,no hace lo que necesito;
Cuando te hablo de cómo me siento y tú me dices qué yo debería sentirme de otro modo, me hieres mis sentimientos;
Cuando te hablo de mis problemas y tú te empeñas en resólvermelos, me decepcionas, aunque te parezca extraño.

¡ESCUCHA!.Yo te pido que me escuches,
quiero sentirte a mi lado,
no te pido que me hables o que resuelvas mis cosas,
quiero sólo que me oigas atentamente.

Cuando haces por mi algo que puedo y debo hacer yo solo,
refuerzas mis temores y mi sensación de ineptitud;
Pero cuando aceptas mi derecho a sentir lo que siento,
y a pensar lo que pienso,
por muy irracionales que te parezcan,
eso me hace sentirme bien conmigo y contigo
y entonces soy incluso más sensibles a  tus sugerencias.

En efecto, cuando escuchas mis sentimientos,
me ayudas a descubrir qué se oculta detrás de ellos.
Y cuando esto me queda claro,
las respuestas resultan obvias y no necesito consejos.

Pienso que, tal vez,
esa es la razón de porqué a algunas personas
les sirva la oración:
Dios es silencioso y no da consejos ni intenta convencer a nadie,
Dios sólo escucha,
y así facilita que cada uno descubra sus propias soluciones.

Así es que, amigo, por favor: escúchane sin más.
Cuando tú desees hablar, espera a que yo termine
y, entonces, yo te escucharé agradecido.

jueves, 23 de enero de 2014

NADA QUE SEA BUENO ES GRATIS




Y de aquí se derivan, para mí, por lo menos dos ideas.
La primera: si deseo algo bueno para mí, debería saber que voy a pagar un precio por ello. Por supuesto, ese pago no siempre es en dinero (si fuera solo dinero, ¡sería tan fácil !). Este precio es a veces alto y otras muy pequeño, pero siempre existe. Porque nada que sea bueno es gratis.
La segunda: darme cuenta de que si algo recibo de fuera, si algo bueno me está pasando, si vivo situaciones de placer y de goce es porque me las he ganado. He pagado por ellas me la merezco. (Sólo para alertar a los pesimistas y desalentar a los aprovechados, quiero aclarar que los pagos son siempre por anticipado: lo bueno que vivo ya lo he pagado.¿no hay cuotas a plazos!).
Algunos de lo que me escuchan decir esto preguntan:
¿Y lo malo?
¿No es cierto que lo malo tampoco es gratis?
Si me pasa algo malo, ¿es también por algo que hice?
¿Porque de alguna forma me lo merezco?

Quizá sea cierto. Sin embargo, estoy hablando de verdades para mí incuestionables, sin excepciones, universales.
Y para mí la aseveración de que " me merezco todo lo que me pasa incluido lo malo" no es necesariamente cierta.
Puedo asegurar que conozco algunas personas a las que les han acontecido hechos desgraciados y dolorosos que. sin duda alguna, ¡ no merecían!
Incorporar esta verdad (nada que sea bueno es gratis) es abandonar para siempre la idea infantil de que alguien debe darme algo porque sí, porque yo lo quiero. Que la vida tiene que procurarme lo que deseo " sólo porque lo deseo", de pura suerte, mágicamente.

Jorge Bucay

EL BUSCADOR



Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día nuestro Buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó Kammir a lo lejos, pero un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. Estaba rodeaba por completo por una especie de valla pequeña de madera lustrada, y una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El Buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como por azar entre los árboles. Dejó que sus ojos, que eran los de un buscador, pasearan por el lugar... y quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción. ?Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días?. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, y sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar?

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Al acercarse a leerla, descifró: ?Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas?. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No, ningún familiar ? dijo el buscador - Pero... ¿qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de niños?

El anciano cuidador sonrió y dijo:

"Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado?, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana, dos? ¿tres semanas y media? Y después? la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?

¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿y el casamiento de los amigos? ¿y el viaje más deseado? ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones? ¿horas? ¿días??

Así vamos anotando en la libreta cada momento, cada gozo, cada sentimiento pleno e intenso... y cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido."

Jorge Bucay

miércoles, 22 de enero de 2014

CODICIA, JORGE BUCAY




Otro relato de este terapeuta y escritor argentino, para pensar y comentar, si os sugiere algo su lectura. Personalmente creo que el tema es en estos tiempos convulsos que nos está tocando vivir, un elemento importante y causante de la situación actual que estamos padeciendo.......

CODICIA

Cavando para montar un cerco que separara mi terreno del de mi vecino, me encontré enterrado en mi jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro.
A mi no me interesó por la riqueza, sino por lo extraño del hallazgo, nunca he sido ambicioso y no me importan demasiado los bienes materiales, pero igual desenterré el cofre.
Saqué las monedas y las lustré. Estaban tan sucias las pobres.....
Mientras las apilaba sobre mi mesa prolijamente, las fui contando.....
Constituían una verdadera fortuna. Sólo por pasar el tiempo, empecé a imaginar todas las cosas que se podrían comprar con ellas.
Pensaba en lo contento que se pondría un codicioso que se topara con semejante tesoro. 

Por suerte, por suerte...., no era mi caso...

Hoy vino un señor a reclamar las monedas, era mi vecino. Pretendía sostener el muy miserable que las monedas las había enterrado su abuelo, y que por lo tanto le pertenecían a él.

Me fastidió tanto que lo maté.....

Si no lo hubiera visto tan desesperado por tenerlas, se las hubiera dado, porque si hay algo que a mí no me importa son las cosas que se compran con dinero.

Pero, eso sí, no soporto la gente codiciosa.....

JORGE BUCAY

TÚ...ERES QUIEN ERES



Tú no eres quien yo necesito que seas.
Tú no eres el que fuiste.
Tú no eres como a mí me conviene.
Tú no eres como yo quiero.
Tú eres como eres.

Aceptar eso es respetarme y no pedirte que cambies.
Hace poco empecé a definir el verdadero amor como la desinteresada tarea de crear espacio para que el otro sea quien es.
Esta primera "verdad" es el principio de toda relación adulta.
Se materializa cuando yo te acepto como tú eres y percibo que tú también me aceptes como yo soy.