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lunes, 24 de marzo de 2014

LA HORMIGA COJA




Pronto dejará de sentir sus piernas, la vida de él desde hoy, será muy difícil, lo mejor será que no asista mas a la escuela, ya que sería muy doloroso para él, querer caminar, correr.
Ya no hay nada más que se pueda hacer: Señora. Al cumplir mi séptimo año, tuve un accidente muy grave, recuerdo que caminaba hacia casa, después de salir de la escuela, y de repente sentí que algo me golpeaba por detrás, en ese momento sentí que el mundo entero daba vueltas, y que yo volaba, cuando al fin caí al suelo, lo único que pude ver, fue a un coche yéndose lo más rápido que podía, y la gente amontonándose a mi alrededor, y yo, intentando moverme como sea.
Después de eso no recuerdo nada más. Esto ¿Por qué me paso a mí…? Mamá… ¿Ahora… cual es la razón, por la que debo vivir? Cuando pienso en el futuro que me espera, no puedo evitar llorar. Mamá ¿Podre caminar…? Mamá trabajaba en un restaurante que estaba en el centro de la ciudad, así que yo siempre acompañaba a mi mamá, ella decía que de esa forma yo no estaría solo y ella tampoco.
Los recuerdos de aquel árbol de eucalipto, quien me hacía sombra, aun perduran en mi mente, mamá hacía de todo para contentarme. Incluso muchas veces cuando me veía deprimido, me cantaba la canción de la hormiga. Somos hormigas, que caminamos juntos por el sendero, uno dos y tres.
Cada una un paso hacia adelante y otro hacia atrás… Las hormigas son criaturas asombrosas, pueden cargar más del doble de su peso, ellas, ellas, por más difíciles que sean sus vidas, jamás dejan las cosas importantes de la vida, y menos se rinden… Yo, con todos los deseos de mi corazón, quisiera ser una hormiga, pero en mi estado, no soy nada más, que una pobre hormiga coja.
Mamá, desde hoy, no te preocupes por como viviré, sino, porque viviré… Solo por ti, solo por ti viviré… Todos los días veía a niños jugar, yo con todas las fuerzas de mi corazón quería alcanzarlos, duele mucho, duele mucho mamá, cuando pienso en todo lo que pude haber hecho, no puedo evitar llorar, de haber sabido que esto me pasaría, hubiese hecho más cosas.
Si lo hubiera sabido, hubiese corrido más y más, hasta mas no poder correr, podría haber jugado a que era uno de los galácticos del fútbol Hubiese disfrutado más de mi vida… Todos los días, el mismo árbol y el mismo dolor, hay veces en la que soñaba, que corría por todo el cielo, y algunas estrellas me sonreían, recuerdo haber perseguido a un Pegaso en mis sueños, pero justo cuando estaba a punto de alcanzarlo…
Me levantaba… La verdad, es que tengo miedo, mucho miedo, pero no quiero que mamá lo sepa, ya que en todo este mundo, solo estamos los dos. Viví un año compareciéndose y resignándome a aquella vieja silla de ruedas, me había convertido en un resignado, mi única distracción, era ver la marcha de las hormigas, pero el día de hoy ha pasado algo que nunca imagine ver…
Había un grupo de hormigas marchando hacia su casa, y unos niños muy malcriados, las pisaron, como si ellas no fueran nada. Yo intenté detenerlos pero no pude, cuando aquellos niños se cansaron de jugar. Me acerqué hacia el cementerio de esas heroínas, muchas habían caído, y las pocas que quedaron, inmediatamente se formaron, para seguir su marcha marcial, todo eso era tan triste como lo era mi vida, recuerdo que empecé a llorar, y llorar.
Nadie más que yo podía entender lo que era tener todo este dolor tan adentro de mí, y no poder sacarlo. Vivir con todo esto es muy difícil. Pero de pronto, algo se movía, era una pequeña hormiga, que había sido pisada, y debido a eso, una de sus patitas quedo destrozada, yo me quede atónito mirándola, a pesar de que se caía, intentaba levantarse.
No pude hacer nada más que animarla, esa hormiga era yo mismo, ¡Vamos! ¡No te rindas! – le gritaba. Paso bastante tiempo, y aquella pequeña hormiga después de tanto esfuerzo, se pudo poner de pie, y esforzándose más, logro caminar, hasta lograr marchar junto a sus compañeras.
En ese momento lo entendí, mi pierna no es mi vida, mi corazón es mi vida, y mientras el siga latiendo, yo seguiré viviendo. Dentro de mí nació una idea, que pasaría si yo, ¿hiciera lo mismo? Si no lo intentaba nunca lo sabría, porque el que no lo intenta nunca tendrá nada que perder.
Mamá lejos de amarrarme a esa silla, lo que hizo fue apoyarme, todos los doctores y especialistas se rindieron, pero ella no lo haría nunca, lo más fácil fue ponerme de pie, lo más difícil, fue dar mi primer paso, primero fueron unos cuantos pasos por el parque, y cuando logre caminar seis metros sin detenerme, empecé a subir gradas.
Cada día, avanzaba más y más, pero aun no era suficiente para mí, quería hacer esto por mí, y por mamá, que lo daba todo por mí. Me puse muchas metas, si me caía, me volvería a levantar y caminaría más y más, por cada caída, aumentaría un metro más a mis pasos. Me puse retos cada vez, más y más difíciles, la gente siempre me miraba con pena, pero yo no quería su pena, lo que en verdad quería, era su comprensión.


Después de un largo tiempo de haber comenzado, ya era capaz de caminar hasta mi casa, todo esto era maravilloso, pero mi ambición siguió creciendo, por esa época, era septiembre, y toda la gente de mi ciudad, acudía al Santuario de Locumba. Tacna estaba muy lejos de Locumba, si iba en carro demoraría seis horas en llegar hasta ahí, ¿pero? ¿Y si caminaba?

Entonces lo decidí, caminaría hasta el santuario de Locumba, no importa lo que pasara o lo que me demorada. Mamá, por primera vez se opuso, estaba muy orgullosa de mí, pero, su preocupación era muy grande. Esa noche mientras que mamá dormía, Salí de casa, cogí mi bastón, y me puse mi mochila a la espalda, estaba decidido y nada me haría cambiar de opinión, me acerque a la habitación de mamá y le deje una carta antes de partir.

Quería madre, te doy las gracias, por caminar junto a mi todo este tiempo, cuando pienso en mi vida, no puedo dejar de agradecerte, es por eso que… Desde hoy, no caminare rápido, iré muy despacio a propósito, quiero ser útil, para los demás, desde hoy no lloraré y me enojaré, pase lo que pase, voy a sonreír, porque yo, quiero ser feliz…

Cuando camino, no puedo evitar pensar en el futuro, cuando leas esto, yo estaré rumbo a mi destino. Por favor ayúdame, no me cortes mis alas… El camino parecía ser fácil, pero cuando salió el sol, todo cambio, sentía que no podía dar un paso más. Sentía que mi cuerpo ya no me respondía, el sol quemaba todo lo que tocaba, y muy pronto casi toda mi ración de agua se había agotado, en un descuido mío, resbale, y una de mis zapatillas se rompió, el camino era más largo de lo que pensaba, si caminar de día era una pesadilla, la noche no se quedaba atrás, ya que el frío está en todas partes, algunas personas se burlaban de mí, desde sus carros.
Y otras más, me invitaban a ir con ellos, pero, esto es algo que debía hacer yo solo, era la mayor prueba de mi vida, y no podía salir reprobado. Estuve muchas horas caminando, al segundo día, aun siendo de atardecer, me encontré con lo más difícil del camino, era una subida enorme, parecía que tocaba el cielo.
Por más que caminaba, parecía que nunca llegaba a la cima, así que me eche a dormir a las sombras de un árbol. Estaba decidido a continuar mi camino, apenas el sol, volviera a salir. Esa noche mientras dormía, soñaba que al fin había alcanzado a aquel Pegaso que siempre se me escapaba, soñé que volaba encima de él, y mamá, venia conmigo a mi lado. Apenas salió el sol, me puse en marcha, esta vez sí lo lograría, la subida fue muy difícil, pero al medio día ya había alcanzado la cima, y el resto del camino, fue mucho más fácil, al atardecer logré llegar al santuario de Locumba, y en el fin del camino, estaba mamá, y mucha gente esperándome, a cada paso que daba, escucha gritos de la gente.
¡Si se puede! ¡Si se puede! ¡Si se puede!
Todo esto fue muy conmovedor para mí, pero al fin logré llegar a mi meta, desde ese día mi vida fue más fácil, sentía que podía caminar más y más, y muy pronto empecé a correr. Al final tuve un premio enorme, la sonrisa de mamá era algo que no tenía precio. Yo tenía una nueva meta, recorrer Tacna – Lima, o quizás recorrer todo el Perú, no importando el tiempo que me demorada. Aunque recorrer todo el mundo tampoco suena mal.
Después de todo, los viajes de la hormiga coja, recién habían comenzado. En mis viajes, hay algo que descubrir, detrás de toda tristeza, siempre habrá una sonrisa, después de cada lágrima, habrá un momento de felicidad. La felicidad es algo que debemos buscar, y cuando la hallemos, jamás soltarla.

CAERSE NO TIENE NADA DE MALO, LO MALO ESTA EN NO INTENTAR LEVANTARSE

Autor : Elvis Eberth Huanca Machaca,escritor peruano

domingo, 16 de marzo de 2014

EL CORAJE DE VIVIR PELIGROSAMENTE



Había dos templos rivales. Los dos maestros —probablemente sólo se trataba de supuestos maestros; en realidad, debían ser sacerdotes estaban tan en contra el uno del otro que le dijeron a sus seguidores que no debían mirar nunca hacia el otro templo. Cada sacerdote tenía un niño a su servicio para traerle cosas o hacer los recados. El sacerdote del primer templo le dijo a su niño sirviente: —No hables nunca con el otro chico. Esa gente es peligrosa. Pero los niños son niños. Un día se encontraron en la carretera, y el niño del primer templo le preguntó al otro:
-¿Adónde vas? El otro le dijo:
—A donde me lleve el viento. —Una gran declaración. Pero el primer niño estaba muy avergonzado y ofendido porque no había encontrado ninguna respuesta a esto. Estaba triste y enfadado, y también le remordía la conciencia. Mi maestro me ha dicho que no debía hablar con esa gente. Esa gente es realmente peligrosa. Pero ¿qué clase de respuesta es ésa? Me ha humillado. Fue a su maestro y le dijo lo que había ocurrido:
—Siento haber hablado con él. Tenías razón, son raros. ¿Qué clase de respuesta es ésa? Yo le pregunté: «¿Adónde vas?» una pregunta sencilla, normal y sabía que estaba yendo al mercado igual que yo. Pero me contestó: «A donde me lleve el viento.» El maestro le dijo:
—Te había advertido, pero no me has hecho caso. Mira, mañana te vuelves a colocar en el mismo sitio. Cuando llegue él, le preguntas: -«¿Adónde vas?», y él dirá: «A donde me lleve el viento.>~ Entonces, tú también tienes que ser un poco más filosófico y decirle: «¿Y si no tienes piernas?» —porque el alma es incorpórea y el viento no se puede llevar al alma a ningún sitio, entonces, ¿qué harás?» El niño quería estar absolutamente preparado; se pasó toda la noche repitiéndolo. A la mañana siguiente se marchó muy pronto hacia el lugar, se colocó en el mismo sitio, y a la misma hora volvió a aparecer el otro niño. Estaba muy contento, ahora le iba a enseñar qué es la verdadera filosofía. Así que le preguntó:
—¿Adónde vas? —Y se quedó esperando. El niño dijo:
—Voy al mercado a comprar verduras. Y ahora, ¿de qué le servía la filosofía que había aprendido?
La vida es así. No puedes prepararte, no puedes estar listo. Ésa es su belleza, ése es el misterio, que siempre te coge de sorpresa, siempre llega de sorpresa.Cada momento es una sorpresa y no se puede aplicar una respuesta premeditada.

Osho - El Coraje de Vivir peligrosamente

POSESIVIDAD



No sé muy bien subido a qué historias, entré en un camino angustiante e inútil. Todo empezó con un ataque de celos con mi novia. Ella había preferido encontrarse con sus amigas del colegio y postergar la salida conmigo, que lo contrario.
Desde allí empezaron a desfilar por mi cabeza las situaciones de pérdida y el dolor que esto siempre me causaba. Yo había hablado en terapia de la importancia de vivir las pérdidas como tales, pero ahora estaba francamente fastidiado.
— No entiendo por qué tengo que compartir mi pareja con sus amigas, ni mis amigos con sus parejas. Lo digo así para
escucharme esta estupidez y que me ayudes. Cuando algo es Mío, aunque sea troglodítico como dices tú, siento que
tengo derecho de cederlo o NO, y por el tiempo que quiera yo. Por eso es Mío.
Jorge dejó la pava y me contó:
Caminaba distraídamente por la calle cuando la vio. Era una enorme y hermosa montaña de oro. El sol le daba de lleno y
al rozar su superficie reflejaba tornasoles multicolores, que la hacían parecer un personaje galáctico salido de una
película de Spielberg. Se quedó un rato mirándola como hipnotizado.
— ¿Tendrá dueño? –pensó. Miró para todos lados, pero nadie estaba a la vista. Al fin, se acercó y la tocó. Estaba tibia.
Pasando los dedos por su superficie, le pareció que su suavidad era la correspondencia táctil perfecta de su luminosidad y de su belleza.
— La quiero para mí –pensó. Muy suavemente la levantó y comenzó a caminar con ella en brazos, hacia las afueras de la ciudad. Fascinado, entró lentamente en el bosque y se dirigió al claro. Allí, bajo el sol de la tarde, la colocó con cuidado en el pasto y se sentó a contemplarla.
— Es la primera vez que tengo algo valioso que es mío. ¡Sólo mío! –pensaron los dos simultáneamente.
— Cuando poseemos algo y nos esclavizamos en dependencia de ese algo, quién tiene a quién, Demi... ¿Quién tiene a quién?

sábado, 8 de marzo de 2014

NUEVE VACAS




Dos amigos marineros viajaban en un buque carguero por todo el mundo, y andaban todo el tiempo juntos. Así que, esperaban la llegada a cada puerto para bajar a tierra, encontrarse con mujeres, beber y divertirse.

Un día llegan a una isla perdida en el Pacífico, desembarcan y se van al pueblo para aprovechar las pocas horas que iban a permanecer en tierra.

En el camino se cruzan con una mujer que está arrodillada en un pequeño río lavando ropa.

Uno de ellos se detiene y le dice al otro que lo espere, que quiere conocer y conversar con esa mujer. El amigo, al verla y notar que esa mujer no es nada del otro mundo, le dice que para qué, si en el pueblo seguramente iban a encontrar chicas más lindas, más dispuestas y divertidas.

Sin embargo, sin escucharlo, el primero se acerca a la mujer y comienza a hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres.
Cómo se llama, qué es lo que hace, cuantos años tiene, si puede acompañarlo a caminar por la isla.

La mujer escucha cada pregunta sin responder ni dejar de lavar la ropa, hasta que finalmente le dice al marinero que las costumbres del lugar le impiden hablar con un hombre, salvo que este manifieste la intención de casarse con ella, y en ese caso debe hablar primero con su padre, que es el jefe o patriarca del pueblo.

El hombre la mira y le dice: “Está bien. Llévame ante tu padre. Quiero casarme contigo”.
El amigo, cuando escucha esto, no lo puede creer. Piensa que es una broma, un truco de su amigo para entablar relación con esa mujer. Y le dice: “¿Para qué tanto lío? Hay un montón de mujeres más lindas en el pueblo. ¿Para qué tomarse tanto trabajo?”.
El hombre le responde: “No es una broma. Me quiero casar con ella. Quiero ver a su padre para pedir su mano”.
Su amigo, más sorprendido aún, siguió insistiendo con argumentos tipo:
“¿Tu estás loco?”, “¿Qué le viste?”, “¿Qué te pasó?”, “¿Seguro que no tomaste nada?” y cosas por el estilo.
Pero el hombre, como si no escuchase a su amigo, siguió a la mujer hasta el encuentro con el patriarca de la aldea.
El hombre le explica que habían llegado recién a esa isla, y que le venía a manifestar su interés de casarse con una de sus hijas. El jefe de la tribu lo escucha y le dice que en esa aldea la costumbre era pagar una dote por la mujer que se elegía para casarse.
Le explica que tiene varias hijas, y que el valor de la dote varía según las bondades de cada una de ellas, por las más hermosas y más jóvenes se debía pagar 9 vacas, las había no tan hermosas y jóvenes, pero que eran excelentes cuidando los niños, que costaban 8 vacas, y así disminuía el valor de la dote al tener menos virtudes.
El marino le explica que entre las mujeres de la tribu había elegido a una que vio lavando ropa en un arroyo, y el jefe le dice que esa mujer, por no ser tan agraciada, le podría costar 3 vacas.
“Está bien” respondió el hombre, “me quedo con la mujer que elegí y pago por ella nueve vacas”.
El padre de la mujer, al escucharlo, le dijo: “Ud. no entiende. La mujer que eligió cuesta tres vacas, mis otras hijas, más jóvenes, cuestan nueve vacas”.
“Entiendo muy bien”, respondió nuevamente el hombre, “me quedo con la mujer que elegí y pago por ella nueve vacas”.
Ante la insistencia del hombre, el padre, pensando que siempre aparece un loco, aceptó y de inmediato comenzaron los preparativos para la boda, que iba a realizarse lo antes posible.

El marinero amigo no lo podía creer. Pensó que el hombre había enloquecido de repente, que se había enfermado, que se había contagiado de una rara fiebre tropical. No aceptaba que una amistad de tantos años se iba a terminar en unas pocas horas. Que él partiría y su mejor amigo se quedaría en una perdida islita del Pacífico.
Finalmente, la ceremonia se realizó, el hombre se casó con la mujer nativa, su amigo fue testigo de la boda y a la mañana siguiente partió en el barco, dejando en esa isla a su amigo de toda la vida.

El tiempo pasó, el marinero siguió recorriendo mares y puertos a bordo de los barcos cargueros más diversos y siempre recordaba a su amigo y se preguntaba: “¿qué estaría haciendo?, ¿cómo sería su vida?, ¿viviría aún?”.

Un día, el itinerario de un viaje lo llevó al mismo puerto donde años atrás se había despedido de su amigo. Estaba ansioso por saber de él, por verlo, abrazarlo, conversar y saber de su vida.
Así es que, en cuanto el barco amarró, saltó al muelle y comenzó a caminar apurado hacia el pueblo.
“¿Dónde estaría su amigo?, ¿Seguiría en la isla?, ¿Se habría acostumbrado a esa vida o tal vez se habría ido en otro barco?”

De camino al pueblo, se cruzó con un grupo de gente que venía caminando por la playa, en un espectáculo magnífico.
Entre todos, llevaban en alto y sentada en una silla a una mujer bellísima.
Todos cantaban hermosas canciones y obsequiaban flores a la mujer y esta los retribuía con pétalos y guirnaldas.
El marinero se quedó quieto, parado en el camino hasta que el cortejo se perdió de su vista. Luego, retomó su senda en busca de su amigo.

Al poco tiempo, lo encontró. Se saludaron y abrazaron como lo hacen dos buenos amigos que no se ven durante mucho tiempo.
El marinero no paraba de preguntar: “¿Y cómo te fue?, ¿Te acostumbraste a vivir aquí?, ¿Te gusta esta vida?, ¿No quieres volver?”
Finalmente se anima a preguntarle: “¿Y como está tu esposa?”
Al escuchar esa pregunta, su amigo le respondió: “Muy bien, espléndida. Es más, creo que la viste llevada en andas por un grupo de gente en la playa que festejaba su cumpleaños”.

El marinero, al escuchar esto y recordando a la mujer insulsa que años atrás encontraron lavando ropa, preguntó: “¿Entonces, te separaste? No es la misma mujer que yo conocí, ¿no es cierto?”.
“Si” dijo su amigo, “es la misma mujer que encontramos lavando ropa hace años atrás”.
“Pero, es muchísimo más hermosa, femenina y agradable, ¿cómo puede ser?”, preguntó el marinero.
“Muy sencillo” respondió su amigo. “Me pidieron de dote 3 vacas por ella, y ella creía que valía 3 vacas. Pero yo pagué por ella 9 vacas, la traté y consideré siempre como una mujer de 9 vacas. La amé como a una mujer de 9 vacas. Y ella se transformó en una mujer de 9 vacas”.

Cuando alguien nos valora y nos estimula, con sinceridad y amor, obramos cambios impensados...

jueves, 6 de marzo de 2014

CONOCERSE A UNO MISMO




Un niño de la India fue enviado a estudiar a un colegio de otro país.

Pasaron algunas semanas, y un día el jovencito se enteró de que en el colegio había otro niño indio y se sintió feliz. Indagó sobre ese niño y supo que el niño era del mismo pueblo que él y experimentó un gran contento.

Más adelante le llegaron noticias de que el niño tenía su misma edad y tuvo una enorme satisfacción. Pasaron unas semanas más y comprobó finalmente que el niño era como él y tenía su mismo nombre.

Entonces, a decir verdad, su felicidad fue inconmensurable.

Maestro: no hay mayor gozo en este mundo que el de conocerse a uno mismo.

sábado, 1 de marzo de 2014

LUZ



Una historia de Etiopía nos relata de un anciano que, en su lecho de muerte, llamo a sus tres hijos y les dijo:
- No quiero dividir en tres lo que poseo.
- Eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros.
- He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre mas hábil, mas inteligente, mas astuto, mas sagaz. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Tomadla. El que compre con esa moneda algo con lo que se puede llenar la casa completamente se quedará con todo.
Se fueron.
El primer hijo compró paja, pero solo consiguió llenar la casa hasta la mitad.
El segundo hijo compró sacos de pluma, pero no consiguió llenar la casa mucho mas que el anterior.
El tercer hijo – que consiguió la herencia – solo compro un pequeño objeto. Era una vela. Espero hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.

Fuente: autor desconocido

jueves, 27 de febrero de 2014

INCREIBLE


Increíble, cuento de David Fischman


Cuentan que una pareja le puso “Increíble” de nombre a su hijo, pues tenían la certeza que haría cosas increíbles en la vida.
Pero Increíble tuvo una vida tranquila, se casó y vivió fiel a su esposa sesenta años. Sus amigos lo molestaban porque su vida no concordaba con su nombre. Antes de morir, Increíble le pidió a su esposa que no colocara su nombre en su lápida ya que no quería escuchar las burlas de sus amigos desde el cielo.
Cuando murió, su mujer, obedeciendo el pedido de su esposo, puso sencillamente en la lápida: “Aquí yace un hombre que le fue fiel a su mujer durante sesenta años”.
Paradójicamente, cuando la gente pasaba por el cementerio y leía la lápida decía: “¡Increíble!”

martes, 25 de febrero de 2014

SOBRE LA ARENA








Dijo un hombre a otro:
- Con la marea alta, hace mucho tiempo, escribí con mi cayado unas líneas en la arena.
- Y la gente aún se detiene para leerlas y cuida mucho de que no se borren.
Y el otro hombre dijo:
- Yo también escribí unas líneas en la arena, pero lo hice durante la marea baja.
- Y las olas del inmenso mar las borraron y breve fue su vida.
- Pero dime; ¿qué fue lo que tú escribiste?
Y el primer hombre respondió:
- Escribí: Soy lo que soy.
- ¿Y tú, qué escribiste?
Y el otro hombre dijo:
- Escribí esto: Soy sólo una gota de este mar inmenso.

lunes, 24 de febrero de 2014

LA MUJER PERFECTA



Nasrudín conversaba con sus amigos en la casa de té y les contaba como había emprendido un largo viaje para encontrar a la mujer perfecta con quién casarse. Les decía:
- Viajé a Bagdad, después de un tiempo encontré a una mujer formidable, atenta, inteligente, culta de una gran personalidad.

Dijeron sus amigos:
- ¿Por qué no te casaste con ella?

- No era completa, -respondió Nasrudín-, después fui a El Cairo, allí conocí a otra mujer ciertamente fabulosa; hermosa, sensible, delicada, cariñosa.

- ¿Por qué no te casaste con ella?, dijeron los amigos.

- No era completa -respondió nuevamente Nasrudín-, entonces me fui a Samarcanda allí por fin encontré a las mujer de mis sueños; ingeniosa y creativa, hermosa e inteligente, sensible, culta, delicada y espiritual.

- ¿Por qué no te casaste con ella? -insistieron sus amigos.

- Pues saben por qué, ella también buscaba a un hombre perfecto.

Maestro: Al aceptar que eres perfecto, al aceptar que todos somos perfectos tal como somos … ya no habrá necesidad de buscar la perfección lejos.

miércoles, 12 de febrero de 2014

CRUZANDO EL RÍO



Un anciano maestro zen y dos discípulos andaban en paz y silencio por un largo camino. Hacia el mediodía llegaron a un río y vieron a una chica muy guapa sentada tranquilamente con los pies puestos en el agua. La chica contemplaba receptiva y seductora a los tres caminantes.
Los dos discípulos empezaron a mostrarse nerviosos ante tanta belleza. Los dos quedaron embelesados por el atractivo radiante del cuerpo de la chica y por la brillantez de su mirada. Poco a poco se fueron acercando, dejando al maestro en un segundo plano. 
Ella, con actitud seductora, les miró y les dijo:
-¿Quién de los dos podría ayudarme a cruzar el río?...
Los dos muchachos se miraron y dirigieron un gesto interrogando al maestro que observaba lo que estaba pasando. El maestro lanzó una mirada profunda a cada uno de ellos sin decir nada. Después de un largo y tenso minuto de dudas, uno de los discípulos avanzó, y cogiendo a la mujer en brazos, la ayudó a cruzar el río entre sonrisas, caricias y mucha complicidad.
Una vez llegaron al otro lado del río se dieron un beso tierno y se despidieron sin dejar de mirarse. El joven se dio media vuelta y continuó el camino con el otro discípulo y el maestro.
El discípulo que se había quedado junto al maestro no dejaba de lanzar interrogadoras miradas al silencioso e impasible anciano que solo observaba. Pasaban las horas mientras avanzaban silenciosos por las montañas y valles. El discípulo que no había cruzado el río junto a la muchacha, realmente lo estaba pasando muy mal. Pero no decía nada.
Por la noche, cuando llegaron a casa, sus movimientos delataban su estado interno: se quemaba con el fuego que encendía, se le caía el vaso de agua que sostenía entre sus manos, tropezaba con la raíz de un árbol del jardín... Su mirada siempre encontraba el rostro impasible y ecuánime del anciano, que lo observaba sin emitir juicio ni palabra. 
Tres días después, la tensión llegó a ser tan dura, que el chico se dirigió hacia el maestro y le dijo con rabia: 
-¿Por qué no le has dicho nada a mi hermano, que rompiendo las reglas de la sobriedad ha encendido el fuego del erotismo con aquella chica del río?, ¡¿por qué?!, ¡¿por qué no le has dicho nada?!... ¡¡Y no me digas que la respuesta está en mi interior porque ya no puedo escuchar ni ver nada con claridad!!, ¡necesito entender!, dame una respuesta, por favor.
El anciano, dedicándole una mirada integral de rigor y benevolencia, le respondió con serenidad y contundencia:
-Tu hermano ha tomada la mano de aquella mujer a un lado del río, y la ha soltado cuando ha llegado al otro lado. Tú has tomado la mano de aquella mujer a un lado del río, y aún no la has soltado.

EL EMBUSTERO



Había una vez, un hombre muy enfermo y sin recursos, que desesperado se comprometió a sacrificar la cantidad de cien bueyes a los dioses, si estos le ayudaban a curarse completamente.
Los dioses, a los que siempre les gusta probar a los mortales, decidieron ayudarle y comprobar si era cierto lo que el hombre decía.
Recuperado por completo de sus dolencias y al no tener los animales, ni el suficiente dinero para darles la ofrenda prometida a sus benefactores, fabricó cien bueyes de sebo y los llevó al templo para que fueran sacrificados.
-Oh Dioses, aquí tenéis lo que os había prometido.
Al verse engañados, trazaron un plan para darle una buena lección a este hombre tan embustero. Mientras dormía, se introdujeron en uno de sus sueños, mostrándole una gran bolsa con mil monedad de plata en una playa cercana.
Extasiado ante esa enorme fortuna, se despertó inmediatamente, dirigiéndose todo lo rápido que pudo hasta la playa. Allí, no solo no encontró ninguna bolsa, sino que además fue capturado por unos piratas, que lo vendieron como esclavo en la ciudad más cercana, obteniendo por su venta mil monedas de plata.
Moraleja: aquel que engaña a la personas, siempre acaba siendo engañado.

lunes, 10 de febrero de 2014

EL BURRITO DESCONTENTO



Había una vez, en un frío día de invierno, un Burrito al que tanto la estación, como la comida que su dueño le daba, desagradaban profundamente. Cansado de comer insípida y seca paja, anhelaba con todas sus fuerzas, la llegada de la primavera para poder comer la hierba fresca que crecía en el prado.

Entre suspiros y deseos, llegó la tan esperada primavera para el Burrito, en la que poco pudo disfrutar de la hierba, ya que su dueño comenzó a segarla y recolectarla para alimentar a sus animales. ¿Quién cargo con ella? El risueño burro, al que tanto trabajo hizo comenzar a odiar la primavera y esperar con ansia al verano.

Pero, el verano tampoco mejoró su suerte, ya que le tocó cargar con las mieses y los frutos de la cosecha hasta casa, sudando terriblemente y abrasando su piel con el sol. Algo que le hizo volver a contar los días para la llegada del otoño, que esperaba que fuera más relajado.

Llegó al fin el otoño y con él, mucho más trabajo para el Burrito, ya que en esta época del año, toca recolectar la uva y otros muchos frutos del huerto, que tuvo que cargar sin descanso hasta su hogar.

Cuando por fin llegó el invierno, descubrió que era la mejor estación del año, puesto que no debía trabajar y podía comer y dormir tanto como quisieran, sin que nadie le molestara. Así fue, como recordando lo tonto que había sido, se dio cuenta de que para ser feliz, tan solo es necesario conformarse con lo que uno tiene.

EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIEN ERA



Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales,... Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices. Excepto un árbol que se sentía profundamente triste. Tenía un problema: no daba frutos.
-No sé quién soy... -se lamentaba-.
-Te falta concentración... -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas... ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas...
-No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¡¡Mira qué bonitas son!!
Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada vez se sentía más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves. Al ver la desesperación del árbol exclamó:
-No te preocupes. Tu problema no es tan grave... Tu problema es el mismo que el de muchísimos seres sobre la Tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo tal como eres. Para conseguir esto, escucha tu voz interior...
¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?... -se preguntaba el árbol angustiado y desesperado-. Después de un tiempo de desconcierto y confusión se puso a meditar sobre estos conceptos.
Finalmente un día llego a comprender. Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior susurrándole:
"Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y belleza al paisaje. Esto es quien eres. ¡Sé quien eres!, ¡sé quien eres!..."
Poco a poco el árbol se fue sintiendo cada vez más fuerte y seguro de sí mismo. Se dispuso a ser lo que en el fondo era. Pronto ocupó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Solo entonces el jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.

domingo, 9 de febrero de 2014

PERSONA NON GRATA



En un vuelo de British Airways entre Johanesburgo y Londres, una señora blanca de unos cincuenta anos se sienta al lado de un negro. Llama a la azafata para quejarse:
- Cuál es el problema, señora?
- pregunta la azafata.
- Pero no lo ve?
- responde la señora
- Me colocó al lado de un negro. No puedo quedarme al lado de estos "inmundos". Deme otro asiento.
- Por favor, cálmese. -dice la azafata- Casi todos los lugares de este vuelo están tomados. Voy a ver si hay algún lugar en clase ejecutiva o en primera
. La azafata se apura y vuelve unos minutos después.
- Señora -explica la azafata- como yo sospechaba, no hay ningún lugar vacío en clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que tampoco hay lugar en ejecutiva.
Pero sí tenemos un lugar en primera clase. Antes que la señora pudiese responder algo, la azafata continuó.
- Es totalmente inusitado que la compañía conceda un asiento de primera clase a alguien que está en económica, pero dadas las circunstancias, el comandante consideró que sería escandaloso que alguien sea obligado a sentarse al lado de una persona tan execrable...
Y, diciendo eso, la azafata mira al negro y dice:
- Si el señor me hiciera el favor de tomar sus pertenencias, el asiento de primera clase ya está preparado.
Y todos los pasajeros alrededor, que presenciaron la escena, se levantaron y aplaudieron por la actitud de la compañía.

LA MEDIA COBIJA



Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa, durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia. Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna. 
A los 70 años Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera y decidió por primera vez en su vida pedirle un favor a su hijo. 
Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía su hijo con su familia. 
- ¡Hola papá! ¡Qué milagro que vienes por aquí! 
- Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo. 
- Pues a nosotros, nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa. 
- Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡me siento tan solo! 
- ¿Quedarte a vivir aquí?, sí... claro... pero no se si estarías a gusto. Tú sabes, la casa es chica, mi esposa es muy especial...y luego los niños.. 
- Mira hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.
- No padre no es eso, sólo que... no se me ocurre dónde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían... o sólo que no te moleste dormir en el patio... 
- ¿Dormir en el patio? Está bien. 
El hijo de Don Roque llamó a su hijo Luis de 12 años: 
- Dime papá. 
- Mira hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se cubra en la noche. 
- Sí, con gusto papá... ¿y dónde va a dormir? 
- En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa. 
Luis subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos partes. 
En ese momento llegó su padre: 
- ¿Qué haces Luis? ¿Por qué cortas la manta de tu abuelo? 
- Sabes papá, estaba pensando... 
- ¿Pensando qué? 
- En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas viejo y vayas a vivir a mi casa.

sábado, 8 de febrero de 2014

LA CHIMENEA



Un joven que había estudiado lógica, acudió a un rabino y solicitó ser instruido en Talmud. 
"¿Lógica?" - preguntó el rabino - "dudo que eso sea suficiente para estudiar Talmud, pero te tomaré una prueba. Supongamos que dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?" 
"Eso es fácil, el de la cara sucia" - respondió el estudiante 
"Incorrecto" - dijo el rabino - "el de la cara limpia. Veamos: el de la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara también está limpia. El de la cara limpia mira al de la sucia y piensa que su cara está sucia, así que él se lava la cara." 
"No pensé en eso" - admitió el joven - "deme otra oportunidad". 
"Volvamos a empezar. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?" - Planteó el rabino. 
"Recién hemos respondido, aquel con la cara limpia" - contestó el estudiante. 
"No. Ambos se lavan la cara - dijo el rabino - Aquel con la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara está limpia también. Pero el de la cara limpia mira al de la sucia, y piensa que su cara también lo está, entonces se lava. Cuando el de la cara sucia ve que el de la limpia lava su cara, él también se lava. Por lo tanto ambos lavan su cara". 
"No me di cuenta de esa alternativa" - expresó el joven - "deme otra oportunidad". 
"Está bien. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?" - Preguntó el rabino. 
"Ambos lavan su cara" - respondió con énfasis el estudiante. 
"No. Ninguno de los dos". - Dijo el rabino - "Aquel con la cara sucia mira al de la limpia y piensa que la suya también lo está. El de la cara limpia mira al de la sucia, y piensa que su cara también está sucia. Pero cuando él ve que el hombre de la cara sucia no se lava, él tampoco se lava. Por lo tanto ninguno se lava." 
"Una última oportunidad y le demostraré que puedo estudiar Talmud" - pidió el joven. 
"Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?" - Volvió a plantear el rabino. 
"Ninguno" - exclamó triunfalmente el estudiante. 
"¿Ves ahora por que la lógica no es suficiente para estudiar Talmud? ¿Cómo es posible que dos hombres que bajan por la misma chimenea, uno salga con la cara sucia y otra con la cara limpia? ¿No ves que la pregunta es tonta? Y si intentas contestar preguntas tontas, tu respuesta será tonta. Así que aprende algo más de lógica antes de que intentes estudiar el Talmud." - Sugirió el rabino.

LA MIRADA DEL AMOR





El rey estaba enamorado de Sabrina: una mujer de baja condición a la que el 
rey había hecho su última esposa. 
Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar 
que la madre de Sabina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de 
usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina 
subió al carruaje y corrió junto a su madre. 
A su regreso, el rey fue informado de la situación. 
-¿No es maravillosa?-dijo-Esto es verdaderamente amor filial. No le importó su 
vida para cuidar a su madre!! Es maravillosa! Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo 
fruta, llegó el rey. La princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último 
durazno que quedaba en la canasta. 
-¡Parecen ricos!-dijo el rey. 
-Lo son- dijo la princesa y alargando la mano le cedió a su amado el último 
durazno. 
-¡Cuánto me ama!-comentó después el rey-, Renunció a su propio placer, para 
darme el último durazno de la canasta.¿no es fantástica? 
Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión 
desaparecieron del corazón del rey. 
Sentado con su amigo más confidente, le decía: 
-Nunca se portó como una reina…¿acaso no desafió mi investidura usando mi 
carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida.

viernes, 7 de febrero de 2014

SIN NOMBRE


Un señor muy creyente sentía que estaba cerca de recibir una luz que le 
iluminara el camino que debía seguir. Todas las noches, al acostarse, le pedía a 
Dios que le enviara una señal sobre cómo tenía que vivir el resto de su vida. 
Así anduvo por la vida, durante dos o tres semanas en un estado semimístico buscando recibir una señal divina. 
Hasta que un día, paseando por un bosque, vió a un cervatillo caído, 
tumbado, herido, que tenía una pierna medio rota. Se quedó mirándolo y de 
repente vió aparecer a un puma. La situación lo dejó congelado; estaba a 
punto de ver cómo el puma, aprovechándose de las circunstancias, se comía al 
cervatillo de un sólo bocado. 
Entonces se quedó mirando en silencio, temeroso también de que el 
puma, no satisfecho con el cervatillo, lo atacara a él. Sorpresivamente, vio al 
puma acercarse al cervatillo. Entonces ocurrió algo inesperado: en lugar de 
comérselo, el puma comenzó a lamerle las heridas. 
Después se fue y volvió con unas pocas ramas humedecidas y se las 
acercó al cervatillo con la pata para que éste pudiera beber el agua; y después 
se fue y trajo un poco de hierba húmeda y se la acercó para que el cervatillo 
pudiera comer. 
Increíble. 
Al día siguiente, cuando el hombre volvió al lugar, vió que el cervatillo 
aún estaba allí, y que el puma otra vez llegaba para alimentarlo, lamerle las 
heridas y darle de beber. 
El hombre se dijo: 
Esta es la señal que yo estaba buscando, es muy clara. "Dios se ocupa de 
proveerte de lo que necesites, lo único que no hay que hacer es ser ansioso y 
desesperado corriendo detrás de las cosas". 
Así que agarró su atadito, se puso en la puerta de su casa y se quedó ahí 
esperando que alguien le trajera de comer y de beber. 
Pasaron dos horas, tres, seis, un día, dos días, tres días... pero nadie le 
daba nada. 
Los que pasaban lo miraban y él ponía cara de pobrecito imitando al 
cervatillo herido, pero no le daban nada. 
Hasta que un día pasó un señor muy sabio que había en el pueblo y el pobre 
hombre, que estaba muy angustiado, le dijo: 
- Dios me engañó, me mandó una señal equivocada para hacerme creer 
que las cosas eran de una manera y eran de otra. ¿Por qué me hizo ésto? Yo 
soy un hombre creyente... 
Y le contó lo que había visto en el bosque. 
El sabio lo escuchó y luego dijo: 
- Quiero que sepas algo. Yo también soy un hombre muy creyente. 
Dios no manda señales en vano. Dios te mandó esa señal para que 
aprendieras. 
El hombre le preguntó: 
- ¿Por qué me abandonó? 
Entonces el sabio le respondió: 
- ¿Qué haces tú, que eres un puma fuerte y listo para luchar, 
comparándote con el cervatillo? 
Tu lugar es buscar algún cervatillo a quien ayudar, encontrar a alguien 
que no pueda valerse por sus propios medios.

LA OLLA EMBARAZADA




Un señor le pidió una tarde a su vecino una olla prestada. El dueño de la olla no 
era demasiado solidario, pero se sintió obligado a prestarla. A los cuatro días, 
la olla no había sido devuelta, así que, con la excusa de necesitarla fue a 
pedirle a su vecino que se la devolviera. 
—Casualmente, iba para su casa a devolverla... ¡el parto fue tan difícil! 
— ¿Qué parto? 
— El de la olla. 
— ¿Qué?! 
— Ah, ¿usted no sabía? La olla estaba embarazada. 
— ¿Embarazada? 
— Sí, y esa misma noche tuvo familia, así que debió hacer reposo pero ya está 
recuperada. 
— ¿Reposo? 
— Sí. Un segundo por favor –y entrando en su casa trajo la olla, un jarrito y 
una sartén. 
— Esto no es mío, sólo la olla. 
— No, es suyo, esta es la cría de la olla. Si la olla es suya, la cría también es 
suya. 
“Este está realmente loco”, pensó, “pero mejor que le siga la corriente”. 
— Bueno, gracias. 
— De nada, adiós. 
— Adiós, adiós. 
Y el hombre marchó a su casa con el jarrito, la sartén y la olla. Esa tarde, el 
vecino otra vez le tocó el timbre. 
—Vecino, ¿no me prestaría el destornillador y la pinza? ...Ahora se sentía más 
obligado que antes. 
—Sí, claro. 
Fue hasta adentro y volvió con la pinza y el destornillador. Pasó casi una 
semana y cuando ya planeaba ir a recuperar sus cosas, el vecino le tocó la 
puerta. 
— Ay, vecino ¿usted sabía? 
— ¿Sabía qué cosa? 
— Que su destornillador y la pinza son pareja. 
— ¡No! –dijo el otro con ojos desorbitados— no sabía. 
—Mire, fue un descuido mío, por un ratito los dejé solos, y ya la embarazó. 
— ¿A la pinza? 
— ¡A la pinza!... Le traje la cría –y abriendo una canastita entregó algunos 
tornillos, tuercas y clavos que dijo había parido la pinza. 
“Totalmente loco”, pensó. Pero los clavos y los tornillos siempre venían bien. 
Pasaron dos días. El vecino pedigüeño apareció de nuevo. 
— He notado –le dijo— el otro día, cuando le traje la pinza, que usted tiene 
sobre su mesa una hermosa ánfora de oro. ¿No sería tan gentil de prestármela 
por una noche? Al dueño del ánfora le tintinearon los ojitos. 
— Cómo no –dijo, en generosa actitud, y entró a su casa volviendo con el 
ánfora perdida. 
—Gracias, vecino. 
—Adiós. 
—Adiós. 
Pasó esa noche y la siguiente y el dueño del ánfora no se animaba a golpearle 
al vecino para pedírsela. Sin embargo, a la semana, su ansiedad no aguantó y 
fue a reclamarle el ánfora a su vecino. 
— ¿El ánfora? –dijo el vecino – Ah, ¿no se enteró? 
— ¿De qué? 
— Murió en el parto. 
— ¿Cómo que murió en el parto? 
— Sí, el ánfora estaba embarazada y durante el parto, murió. 
— Dígame ¿usted se cree que soy estúpido? ¿Cómo va a estar embarazada un 
ánfora de oro? 
— Mire, vecino, si usted aceptó el embarazo y el parto de la olla. El casamiento 
y la cría del destornillador y la pinza, ¿por qué no habría de aceptar el 
embarazo y la muerte del ánfora? 

Tú, puedes elegir lo que quieras, pero no puedes ser 
independiente para lo que es más fácil y agradable, y no 
serlo en lo que es más costoso. Tu criterio, tu libertad, tu 
independencia y el aumento de tu responsabilidad vienen 
juntos con tu proceso de crecimiento. Tú decides ser adulto o 
permanecer pequeño.

jueves, 6 de febrero de 2014

¿CÓMO CRECER?



Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.
El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.
Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid.
Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.
La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.
Entonces encontró una planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca.

El rey preguntó: ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías
fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel
momento me dije: "Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda".

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a ti mismo.
No hay posibilidad de que seas otra persona.

Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por vos, o puedes marchitarte en tu propia condena...