domingo, 11 de diciembre de 2011

SABER COMPARTIR




Hay que identificarse con el alcance, repercusiones que genera el saber compartir en toda su amplitud, en la medida que comprendemos lo valioso, maravilloso que es ello, nos daremos cuenta como el cultivarlo y alimentarlo diariamente ya que ello nos ayuda acrecer, garantizar felicidad, armonía, equidad.

Lo ha experimentado? Ha evaluado su importancia? Lo que ello genera? Lo ha disfrutado?, casi seguro que si y ha podido determinar su alcance y como eso lo ha beneficiado en la liberación del egoísmo, en pro de su crecimiento.

Por tanto, no nos debe sorprender, que se diga que para desarrollar el disfrute debemos saber o ser capaces de compartir el placer de los demás.

Para desarrollar la compasión, por otra parte, debemos ser capaces de compartir el sufrimiento de dicha persona.

Mucha gente considera erróneamente que la vida se reduce a una existencia llena de sufrimientos, sin embargo también es cierto que la vida es una existencia en la que el gozo cobra un papel muy importante, gozo que se debe saber compartir.

Justamente, en la medida que se descubre lo que representa el gozo, lo correcto es compartirlo para que otros también lo disfruten, debemos de evitar ser egoísta, saber compartir la felicidad y hacer que otros entiendan la importancia de ello, para que a la vez les de la oportunidad a otros de hacerlo.

Se ha escrito, comentado, que desde que el ser humano ha descubierto lo agradable que es saber compartir con sus semejantes ,se ha sentido motivado a continuar haciéndolo en un ejercicio de su libre albedrío mediante el cual está en capacidad de elegir libremente a quien darle lo mejor de sí mismo.

Aunque no nos lo parezca de primera impresión por todas las incongruencias que comúnmente encontramos a nuestro alrededor, en el fondo si existe esta motivación a compartir. En realidad detrás de cada una de estas incongruencias se encuentra un motivo, el cual si somos capaces de comprender nos facilitaría integrarnos al medio que nos rodea para así poder compartir en un sentido más amplio que es lo que en realidad se busca.

Definitivamente el compartir lleva implícito un factor motivacional que da paso a que las personas se sientan bien, que se identifiquen con quienes de alguna forma le ayudan en su crecimiento, que libremente comparten no solo sus conocimientos, sentimiento, bondades y todo aquello que le de la fortaleza en pro de mantener siempre una autoestima alta.

En cada uno de nosotros hay una fuente divina que de saberla manejar podemos dar paso a que su manifestaciones generen felicidad en otros, como es el caso de saber compartir todo aquello que consideramos esta recubierta de alegría, felicidad, dicha.

Por tanto, cuando disfrutamos algo y queremos que otros también lo disfruten, es cuando le damos paso al compartir, especialmente, con aquellas personas que sabemos los disfrutaran, que apreciaran lo relevante que es el disfrute que se siente producto de ese compartir.

Debemos dar siempre lo mejor de nosotros para así estar en condiciones de recibir lo que otros tengan para darnos; y es precisamente concentrándonos en dar es que podemos facilitar que mejoren nuestras relaciones personales.

Tómese en cuenta, que si en nuestro diario vivirnos nos situamos en el presente siempre con la intención de ser mejores, disfrutar la vida, saber compartir los momento felices y sobre todo saber conectarnos con nuestra fuente interna de felicidad, dicha, de compartir que todos tenemos, a fin de permitimos dejar fluir todo lo que en ese momento queremos manifestar, no cabe la menor duda, que estaremos dando un gran paso ,que nos permitirá ser mucho más efectivos a la hora de compartir, principalmente en lo concerniente a dar.




Para esto es necesario superar los residuos que aun pudieran quedarnos de experiencias pasadas, o en el caso de no tener puntos de referencia en cuanto a como llevarlo a cabo, comenzar a hacerlo por ensayo y error realizando los ajustes que sean necesarios a medida que se nos presenten, pero si no comenzamos a dar es poco probable que alguna vez lleguemos a recibir tanto como aspiramos.

HUBO UN MOMENTO



Hubo un momento

Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna; pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.
Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor; y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más.
Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir; y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.
Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido; y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de tu casa.
Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna ; y sin dejarte ni siquiera entristecerte terminó en un abrazo.
Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar ; y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera .
Hubo un momento en el que dudaste de encontrar un buen trabajo; y hoy puedes darte el lujo de ahorrar para el futuro.
Hubo un momento en el que sentiste que no podrías hacer algo; y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo.
Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte; y te quedaste boquiabierto mientras alguien parecía leer tu corazón.
Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.
Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad.
Recuerda "todo lo que sucede, sucede por una razón".

ES MEJOR PENSAR QUE SOMOS DIFERENTES





Lo que produce la envidia


Para que se genere el sentimiento de envidia son necesarias dos condiciones: la comparación desfavorable en relación con las ventajas personales y las de otro u otros y el sentimiento de impotencia para obtener lo que otros tienen.
Envidiamos lo que no poseemos sólo si nos sentimos incapaces de obtenerlo




Se pueden envidiar cosas concretas como objetos materiales o personas, o abstractas como la felicidad, el éxito, el reconocimiento, características de personalidad, bienestar, espiritualidad, etc. Sin embargo, la envidia no nos ayuda a obtener eso que deseamos, todo lo contrario, genera resentimiento hacia los otros, sensación de incapacidad personal que va creciendo cada vez más en la medida en que no renunciamos a la envidia, tendencia a racionalizar y ver los beneficios o privilegios de los otros como una consecuencia de la injusticia social, amargura crónica y una tendencia obsesiva a poner el foco en los privilegios de los demás sobre las injusticias personales lo que va generando cada vez una mayor sensación de inseguridad y debilidad personal.





reconocer la envidia
Liberarse de la envidia



Cuando el problema que genera el malestar de la persona que busca apoyo terapéutico es la envidia, lo primero que se debe recomendar es no reprimir su sentimiento, sino reconocerlo para poder transformarlo. Otro elemento que habrá que vigilar y trabajar intensamente es el de la autoestima. Hacer ver a la persona que no sirve de nada compararse con otros ni medirse en relación con las cualidades o privilegios de los demás. Tal ves resulta más útil decir“somos diferentes, ambos tenemos fortalezas distintas y límites distintos, pero somos igualmente valiosos y dignos de respeto” que expresar “Es mejor que yo y por lo tanto yo valgo menos por no ser como él o no tener lo que él tiene”.




Para superar la envidia es muy importante insistir en el punto de que ser diferentes no significa que alguien sea mejor que otro. También es necesario apoyar a la persona a trascender la envidia agresiva “Es injusto que él tenga eso y yo no” o de la envidia depresiva “soy un fracaso, yo no puedo tener lo que ella tiene” para recuperar las funciones naturales de dicho sentimiento, considerando las fortalezas del otro no como una causa para el resentimiento, la descalificación personal o la impotencia, sinocomo un estímulo o una motivación para la acción que le lleve a conseguir aquello que anhela superando la sensación de sentirse incapaz y la envida hacia otros.


En conclusión
La envidia, al igual que los celos, lastima la autoestima y genera inseguridad personal.
La envidia se genera por sentirnos incapaces de ser como otros o tener lo que otros tienen.
Se envidia más a las personas cercanas como familiares o amigos que a gente del medio como artistas o políticos.
La comparación con los otros no ayuda a sentirnos mejor, es más útil reconocer que somos diferentes y que nos podemos enriquecer unos a otros.
Es más inteligente que, lo que admiramos en otros, sea una fuente de motivación y para la acción, que un motivo de envidia, un sentimiento de ineficiencia o un pretexto para el estancamiento.

sábado, 10 de diciembre de 2011

LA AMISTAD DE KHALIL GIBRAN


Un joven dijo: Háblanos de la Amistad. Y él respondió:
Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades.
El es el campo que plantáis con amor y cosecháis con agradecimiento.
Y él es vuestra mesa y vuestro hogar.
Porque vosotros, vais hacia él con vuestro hambre y lo buscáis con sed de paz.
Cuando vuestro amigo os hable francamente, no temáis vuestro propio no, ni detengáis el .
Y cuando él esté callado, que no cese vuestro corazón de oír su corazón.
Porque, sin palabras, en amistad, todos los pensamientos, todos los deseos, todas las esperanzas nacen y se comparten en espontánea alegría.
Cuando os separéis de un amigo, no sufráis; porque lo que más amáis en él se aclarará en su ausencia, como la montaña es más clara desde el llano para el montañés.
Y no permitáis más propósito en la amistad que el ahondamiento del espíritu.
Porque el amor que no busca más que la aclaración de su propio misterio, no es amor sino una red lanzada; y solamente lo inútil es cogido.
Y haced que lo mejor de vosotros sea para vuestro amigo. Si él ha de conocer el menguante de vuestra marea, que conozca también su creciente.
Porque ¿qué amigo es el que buscaréis para matar las horas?
Buscadlo siempre para vivir las horas.
Porque él está para llenar vuestra necesidad, no vuestro vacío.
Y en la dulzura de la amistad, dejad que hayan risas y placeres compartidos.
Porque en el rocío de las cosas pequeñas el corazón encuentra su mañana y se refresca.

ENGAÑOS Y FRAUDES



Corría el año de 1920, era un frío día de febrero cuando fue rescatada una señorita, de sucidarse en las aguas berlinesas del río Spree: Anna Anderson. La joven se negaba a decir quien era, por lo que fue llevada a un centro para enfermos mentales. Así que se le denominó Fräulein Unbekannt, que significa “señorita desconocida” en alemán.



Anna Anderson

Fue en ese momento cuando empezó a proclamar que ella era Anastasia Romanov, la más joven de las hijas del difunto Zar Nicolás II de Rusia. La historia cobró fuerza puesto que no se trataba de cualquier persona. De ser cierto, su historia de supervivencia hubiese sido fascinante. Pero, ¿quien era Anastasia Romanov?


La noche del 17 de julio de 1918 el último zar de Rusia, Nicolás II, su mujer Alexandra y sus hijos fueron fusilados cruelmente en una casa custodiada en Ekaterinburgo por soldados bolcheviques durante la Revolución Rusa.

Algunos informes indican que el zar murió al instante, mientras que los demás sufrieron cruelmente, se oían gritos y había humo, pero la gente no podía ver que estaba ocurriendo, los niños fueron asesinados por los soldados, en total 103 disparos. Luego fueron rociados con ácido sulfúrico y enterrados en un bosque cercano.




La familia Romanov

Anna Anderson, aseguraba ser una de las hijas de Nicolás II y Alexandra, a la que Tsachaikovsky, uno de los soldados encargados de fusilarlos, le había ayudado a curar sus heridas y a escapar.

La historia fue cobrando más fuerza y se regó como pólvora. Ambas tenían un parecido similar, muchos comenzaron a creer aquella versión. Anna decía recordar muchos detalles de su vida en el palacio Imperial. Incluso su abuela, la madre del Zar, terminó por reconocer, antes de morir en 1928, que podría ser su nieta.


Anna pasó el resto de su vida intentando demostrar lo que decía. Con frecuencia era internada en sanatorios y hospitales, y se casó con un estadounidense en 1919. Murió en 1984, en Alemania tras una grave pulmonía. Tenía 83 años.





Izquierda: Anastasia Romanov | Derecha: Franziska Schanzkowska

¿Fue Anna Anderson en realidad Anastasia Romanov? En una investigación realizada en 1927 por el hermano de la zarina, Ernesto Luis de Hesse Darmstadt, quedó demostrado que la “señorita desconcida” era en realidad Franziska Schanzkowska, una obrera polcaca que padecía varias enfermedades mentales.

Pero en 1991, la historia dió un giro. Se localizó la fosa de Kaptiaki donde sepultaron a la familia de Nicolas II, sin embargo, dos de los niños no estaban ahí, ¿acaso habían sobrevivido?

La respuesta llega en 2007 cuando una nueva tumba es encontrada con dos cuerpos. Tras exhaustivas pruebas de ADN se confirma que se trataba del cuerpo de Alexei, hijo menor, y de Anastasia. Ambos murieron en 1918. Sin más que decir, Franziska Schanzkowska fue una astuta artista del engaño.


viernes, 9 de diciembre de 2011

EL ELEFANTE DEL CIRCO




Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a algún maestro, a mi padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño". Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía... hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquélla impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... Jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez... Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos hacer" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo "no puedo... no puedo y nunca podré", perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la fe.


LAS DOS RANITAS






Resulta que había dos ranitas que aprovechando su día libre

salieron a pasear por una hermosa mansión. Cuando llegaron
a la cocina en busca de algo de comer, se resbalaron en unas
gotas de aceite para caer en una gran olla de crema.
Ambas desesperadas comenzaron a defenderse de la masa
movediza que las iba devorando, hasta que una de ella dijo:
-Querida amiga ha llegado mi hora, por más que me esfuerce
nunca podré salir con vida de esta situación, no tengo opción yo
me entrego, mi vida ha terminado... Y dejando de patalear, lenta
mente fue desapareciendo de la superficie.
La amiga, por su parte pensó: Yo no sé si hoy es mi día, así que
no me entregaré, en todo caso seguiré luchando hasta que Dios
me llamé, pero que antes observe que hice todo lo imposible para conservar mi
vida. La ranita siguió sin descanso moviendo sus patas, y lo hizo
con tanta decisión y con tanta voluntad, que sin darse cuenta la crema se convirtió
en manteca, pudiendo pisar firme y escapar tranquilamente.