lunes, 2 de julio de 2012

TENER MANÍA A ALGUIEN



En el plano de las relaciones sociales no todo es ideal, es decir, no sólo tienes que convivir con personas que te resultan simpáticas, te ayudan y te alegran la vida. También puede haber momentos, en los que te encuentres con alguien, a quien no soportas, aunque ni siquiera te haya dado motivos para sentir esa antipatía. En ese caso, está claro que sientes manía hacia alguien. Se trata de un rechazo muy primitivo e inconsciente. Es decir, debes evitar sentirte culpable por aquello que sientes, y es mejor verlo de una forma natural.


Es decir, en la vida es imposible caerle bien a todo el mundo. Algo que pretenden aquellos que siempre quieren agradar a los demás. Sin embargo, tampoco lo consiguen. ¿Qué hacer en una situación así? En primer lugar, evitar caer en el límite de la obsesión. Es decir, no des espacio en tu mente a alguien que no te cae bien, evita criticarle ante terceros…

Especialmente, evita la asociación de ideas de creer que al ser alguien que no te cae bien a ti, es una persona poco ética. La realidad es que puede ser una persona estupenda. Pero también es bueno que evites el juicio para dar una segunda oportunidad. Seguro que alguna vez te ha pasado que después de haberte llevado una mala impresión inicial de alguien, luego has tenido una relación excelente con esa persona. Sin duda, este tipo de sorpresas resultan muy gratificantes y pueden producirse en el plano personal y también, en el entorno laboral.

Tener manía a alguien es algo posible y natural, sin embargo, a partir de allí, la ética de cada uno es la que determina el modo de obrar. Es decir, lo correcto es no desear nada malo a nadie, ni hacerle la vida más difícil. Simplemente, si alguien te cae mal, deja que siga su camino.

PLEITO A LA LUZ




He aquí que un día la oscuridad se percató de que la luz cada vez le estaba robando mayor espacio y decidió entonces ponerle un pleito. Tiempo después, llegó el día marcado para el juicio. La luz se personó en la sala antes de que lo hiciera la oscuridad.


Llegaron los respectivos abogados y el juez. Transcurrió el tiempo, pero la oscuridad no se presentaba. Todos esperaron pacientemente, pero la oscuridad no aparecía. Finalmente, harto el juez y constatando que la parte demandante no acudía, falló a favor de la luz. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que la oscuridad hubiera puesto un pleito y no se hubiera presentado? Nadie salía de su asombro, aunque la explicación era sencilla: la oscuridad estaba fuera de la sala, pero no se atrevió a entrar porque sabía que sería en el acto disipada por la luz.


*El Maestro dice: La luz es consciencia y sabiduría, en tanto que la oscuridad es ofuscación y estrechez de miras. Si te estableces en la sabiduría, ¿hay lugar para la ofuscación?*

domingo, 1 de julio de 2012

DATE TIEMPO





Date tiempo para trabajar, es el precio del éxito 
Date tiempo para pensar, es el origen del poder
Date tiempo para amar y ser amado, es privilegio de los dioses 
Date tiempo para jugar, es el secreto de la eterna juventud 
Date tiempo para leer, es el fundamento de la sabiduría 
Date tiempo para soñar, es como enganchar tu auto a una estrella 
Date tiempo para hacer amigos, es el camino de la felicidad 
Date tiempo para mirar a tu alrededor, el día es muy corto para ser egoísta 
Date tiempo para reír, es la música del alma.

NO SUFRAS




A nuestro alrededor siempre estarán pasando cosas, y no siempre serán agradables. Eso no lo podemos elegir. Lo que sí podemos elegir es el estado mental con el que las afrontamos.


Para encontrar la felicidad debemos dirigir nuestras energías hacia aquello que sí podemos controlar y dejar de lamentarnos por las cosas que no dependen de nosotros. Toda vida es un constante bascular entre la tormenta y la calma. Hay algunas satisfacciones y muchos sobresaltos.


Buda advertía a sus discípulos que “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional…”

LA VERDAD...........¿ES LA VERDAD?



El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

--Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

--He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

--La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

--A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

--Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

--De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

--¿Adónde vas?

--Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.

El capitán aseveró:

--No lo creo.

--Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

--Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.

--Así es -afirmó el ermitaño-.

Ahora usted sabe lo que es la verdad... ¡Su verdad!


*El Maestro dice: El aferramiento a los puntos de vista es una traba mental y un fuerte obstáculo en el viaje interior.

¿CÚAL ES TU PROPÓSITO?



El mundo en el que vives es un sistema inteligente, en el que cada parte se mueve de manera coordinada con todas las demás partículas en movimiento. Hay una fuerza universal que apoya y orquesta todo. Todo funciona de manera conjunta en perfecta armonía. Tú eres una de esas partículas en movimiento. Viniste en el cuerpo que habitas en el momento exacto. Tu cuerpo se irá de aquí con la misma precisión. Eres una pieza esencial de este complejo sistema. Y aquí estás, en este sistema inteligente que no tiene principio ni fin, en el que cada galaxia se mueve en armonía con todas las demás. ¡Debe existir una razón para que hayas aparecido!


Kahlil Gibran dijo, “Al nacer, ya llevas tu trabajo en tu corazón”. Así pues, ¿cuál es tu trabajo? ¿Cuál es tu propósito? ¿Lo estás viviendo de la manera en que tu corazón te insta a que lo hagas?


Wayne Dyer

SI DAÑAS, ME DAÑAS



Parvati es una de las diosas más amorosa, benevolente y misericordiosa del panteón hindú. Es la consorte de Shiva y se manifiesta como extraordinariamente compasiva. Cierto día, uno de sus hijos, Kartikeya, hirió a una gata con sus uñas. De regreso a casa, corrió hasta su madre para darle un beso. Pero al aproximarse al bello rostro de la diosa, se dio cuenta de que ésta tenía un arañazo en la mejilla.


--Madre -dijo Kartikeya-, hay una herida en tu mejilla. ¿Qué te ha sucedido?


Con sus ojos de noche inmensa y profunda, la amorosa diosa miró a su querido hijo. Era su voz melancólica y dulce cuando explicó:


--Se trata de un arañazo hecho con tus uñas.


--Pero, madre -se apresuró a decir el joven-, yo jamás osaría dañarte en lo más mínimo. No hay ser al que yo ame tanto como a ti, querida madre.


Una refrescante sonrisa de aurora se dibujó en los labios de la diosa.


--Hijo mío -dijo-, ¿acaso has olvidado que esta mañana arañaste a una gata?


--Así fue, madre -repuso Kartikeya.


--Pues, hijo mío, ¿es que no sabes ya que nada existe en este mundo excepto yo? ¿No soy yo misma la creación entera? Al arañar a esa gata, me estabas arañando a mí misma.



*El Maestro dice: Al herir, te hieres. A quienquiera que dañes, te dañas a ti mismo.